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Camilo José Cela Conde, premio Princesa de Eboli 2018

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VI Premio Princesa EboliPastrana. 29 de julio de 2018. La villa ducal de Pastrana le entregó anoche el premio Princesa de Eboli a Camilo José Cela Conde, hijo del Nobel, Camilo José Cela Trulock. Se encargó de presentar el acto el alcalde de Pastrana, Ignacio Ranera. Fue el prólogo del concierto de verano que cada año interpreta la Banda de Música en la Plaza del Deán. Ranera dio las gracias a los músicos por permitir celebrar el acto al inicio del concierto, y pidió un aplauso para su trabajo a todos los presentes.

El premio Princesa de Eboli reconoce a personas o instituciones que promocionan Pastrana, y que llevan el nombre de Guadalajara por el mundo.  Con motivo del septuagésimo aniversario de la publicación del 'Viaje a La Alcarria', la villa ducal, se lo entregó ayer al hijo de quien consiguiera el  Nobel, entre otros libros por éste, Camilo José Cela Conde. El alcalde de Pastrana agradeció a Cela “que recorriera La Alcarria como viajero, no como turista, para conocer a las personas, al paisaje y al paisanaje, y que dejara escritas sus impresiones en el libro que nos promociona de manera internacional”. En este sentido, el alcalde afirmó que, conjuntamente con el resto de pueblos que recorrió Cela, y con el apoyo de las instituciones, La Alcarria quiere convertirse en un destino turístico de calidad, apoyándose, fundamentalmente, en esta novela universal  “que nos permite llegar al gran público”. Igualmente el alcalde de Pastrana dijo que el VI Premio Princesa de Eboli entregado anoche también reconoce la labor que el hijo del escritor sigue haciendo desde la  Fundación Cela-Conde, trabajando con la Diputación Provincial, para que se lleven a cabo proyectos destinados realzar como merece el libro, y por ende, también la comarca. “Queremos reconocerle a él, personalmente, su trabajo”, dijo públicamente el regidor.

Ranera recordó cómo era Pastrana en 1946, cuando llegó el viajero, con el Palacio Ducal en ruinas. “Hoy, gracias a la labor de Juan Pablo Sánchez, alcalde durante 21 años, y de la Universidad de Alcalá,  se ha recuperado, y es nuestro orgullo. También percibió el Nobel que los pastraneros reclamábamos la vuelta de nuestras telas. Hoy, el Museo de los Tapices es el mayor orgullo de nuestro patrimonio. Como también lo será el Convento de San Francisco, cuyas obras se van a iniciar en otoño”, anunció. Allí, precisamente detrás de donde tenía lugar el acto, se va a construir un centro de interpretación de La Alcarria, y de recepción de visitantes que tendrá conexiones el resto de la comarca, que quiere promocionarse en conjunto. VER IGNACIO RANERA.


La colaboración entre la Fundación Charo y Camilo Jose Cela, que preside precisamente el premiado ayer, la Diputación de Guadalajara y los ayuntamientos de los pueblos del Viaje a La Alcarria conducirá a que, en poco tiempo, “la presencia, el recuerdo y la vinculación de Camilo José Cela sea más relevante en Guadalajara que en ningún otro lugar, más que en Galicia o incluso que en Mallorca, donde paso la mayor parte de su vida como escritor”, afirmaba Cela Conde poco antes de recibir el premio. Cerca de Pastrana, en Almonacid de Zorita, se abrirá un centro de literatura y arte destinado a recuperar la relación entre Camilo Jose Cela y el mundo del arte en sus diversos aspectos; en el Castillo de Torija se recreará el despacho del Nobel en Mallorca, y en el Centro San José de Guadalajara habrá una sede de la Fundación, y un centro de estudio y análisis de los manuscritos, proyectos y cartas que quedan. “En este itinerario, desde Guadalajara hasta Pastrana, pasando por Torija, va a estar la clave de lo que es el recuerdo de Camilo José Cela hoy”, añadía el galardonado.


Sobre el Premio Princesa de Eboli, Cela Conde afirmó que “acumula una trayectoria, una categoría y unos premiados como para estar orgulloso de recibirlo, pero no soy tan pretencioso como para no saber que a quien realmente se está premiando es a mi padre. Me limito a recogerlo en nombre de quien ya no puede hacerlo porque, por desgracia ya no está entre nosotros. Por otro lado, cualquier honra que reciba mi padre va a quedar en la familia. Por este doble motivo, fue una gran satisfacción conocer la decisión de Pastrana  al respecto del premio en esta edición”. VER MOMENTO DE ENTREGA.

Sobre el escenario, recordó Cela Conde, en un bello discurso, lo que su padre le había contado sobre la villa ducal, con bellas referencias a lo que escribió. Recordó que a Pastrana llegó el viajero en autobús, con las últimas luces de la tarde. “Ni era de aquí, ni se dedicaba al comercio, ni quería visitar a ningún preso. Buscaba una canción, un verso, un papel de fumar, un vaso de agua. Es malo entrar por primera vez en un pueblo por la noche, me dejó dicho”, afirmó. A la mañana siguiente el viajero se asomó a la Plaza de la Hora donde en aquellos años, el Palacio en el que murió la Princesa de Eboli mostraba sus ruinas y la antigua colegiata lloraba sus tapices arrebatados por el celo administrativo. El viajero siguió luego por las calles de nombres hermosos, la de Damas, la del Toro, la de las Chimeneas, la del Altozano, la del Higueral. El viajero y sus amigos, el alcalde don Mónico y el teniente de alcalde don Paco, se metieron al caer la noche al casino de Pastrana, a tomarse un vermú y unas aceitunas con tripa de anchoas. No hay más. Así termina el Viaje a La Alcarria.

Cuarenta años más tarde el viajero volvió a Pastrana. No llegó esta vez en autobús, sino a bordo de un coche de mucho lujo con una choferesa negra que conducía con soltura y que lo llevó hasta la fonda de Santa Teresa en la Plaza de la Hora, allí donde el viajero paró una vez y volvió a parar cuatro décadas más tarde. La pared de la fonda lucía en esta segunda ocasión un letrero en recuerdo del primer viaje. La Plaza de la Hora mostraba el Palacio Ducal en proceso de renovación, despacio pero con buen sentido. Los tapices habían vuelto a Pastrana.

“Cuatro décadas dan para muchas alegrías y para no pocas nostalgias. En la fonda, el viajero con derecho al recuerdo se topó con su amigo Paco. Retirado ya de su oficio de médico, el mismo que era teniente de alcalde en 1946 y que ascendió un peldaño algo más tarde. Don Mónico, el alcalde del primer viaje, podía haberse muerto, porque los alcaldes también se mueren, pero no, vivía en Madrid. En uno de los bares de la Plaza de la Hora, don Fadrique, amigo de siempre, le dio nuevas al viajero de los frailes y del convento de carmelitas descalzas que guillotinaban incunables por ver de conservarlos. Y le pasó un papel con 27 apodos de gentes de Pastrana. En la Plaza al viajero no le ofrecieron ya vermú con aceitunas, pero comió pipas de girasol por primera vez en su vida. Confesó que estaban bien, pero que prefiere jamón, el queso, el chorizo, el lomo, la mojama. No todo es progreso y alegría en 40 años, que las arrobas y las canas pesan. Al viajero, a esas alturas, le tenían sin cuidado que le hablasen de los cuñados de Cervantes. Lo que quería era dormir, porque tenía sueño, mucho sueño. Si el viajero estuviese entre nosotros, se olvidaría del sueño y del cansancio. Preguntaría de nuevo por sus amigos, don Licinio, don Fadrique, don Antonio, don Mónico, don Paco. Hablaría una vez más de la dama enigmática, bella y tuerta, en cuyo nombre se le da hoy un premio en recuerdo de aquellas andanzas por La Alcarria. En el nombre del viajero, les doy a todos ustedes muchas gracias”, terminó. VER DISCURSO DE CELA CONDE.

A continuación, la Banda de Música de Pastrana interpretó un magnífico concierto, que dedicó a uno de sus miembros, Carlos Sánchez, tristemente fallecido hace unos días. VER CHURUMBELERÍAS.